Desde pequeña, cada vez que asistía a
un espectáculo circense, esperaba con ansias el momento de la magia, momento en
el que la incertidumbre y la ilusión se apoderaban de mí. Los payasos nos
robaban carcajadas, los animales eran usados para la sorpresa del público
incrédulo, que no conocía todo lo que sucedía detrás de las bambalinas cuando
los leones, perros o elefantes no hacían lo que el domador ordenaba; los
bailarines, equilibristas, contorsionistas colmaban nuestros sentidos de
estéticos y pensados movimientos; todo era hermoso, colorido y divertido. Pero el
momento de la magia era único, llegaba entonces, un hombre vestido casi siempre
de negro, excéntrico, silencioso y misterioso. Con sólo una varita y una galera,
o en el mejor de los casos con algunos elementos más como cajas, jaulas y telas…
Transformaba sorpresivamente nuestra forma de mirar, de repente comenzábamos a
dudar de nuestros sentidos, poníamos a prueba nuestras capacidades de ver,
escuchar y sentir. ¡MAGIA! Magia en el escenario, pero también dentro de cada
uno de nosotros.
Hace ya algunos años que no asisto con frecuencia a espectáculos de este tipo, pero hace cuatro años atrás, elegí estudiar esta carrera, Profesorado de Lengua y Literatura, la cual se roza muy de cerca con la magia. En la enseñanza y en el aprendizaje siempre algo se transforma, algo cambia. El ingreso de nuevos conocimientos y el despertar de nuevos mundos, ponen en jaque nuestras capacidades. Sin duda, al aprender, muta nuestra forma de mirar, pensar y entender la realidad circundante.
Hoy en la era que habitamos, muchas cosas pueden ser vistas como un acto de ilusionismo, el Tercer Entorno, como lo nombra Echeverría Javier, nos introduce en un universo colmado de posibilidades. Las nuevas tecnologías, internet y los medios masivos de comunicación, han transformado el acceso a la información. Podemos vernos, escucharnos y leernos, estando a miles de kilómetros, un verdadero acto de magia ¿no? Estas nuevas posibilidades han transformado la vida de los niños, jóvenes y adultos. Por ende, también, han modificado la forma de pensar la enseñanza y el aprendizaje dentro la escuela. Es por ello necesario replantearnos en esta última etapa de la carrera, ¿cuál será nuestro rol como educadores del siglo XXI? Tarea difícil nos espera, cuando muchas veces parece que la tecnología pone en evidencia los trucos de magia que se emplean en el “ser docente”.
Todo está a un click, la figura del profesor como fuente de conocimiento, se ha desvanecido. Pero aunque estoy de acuerdo con que es necesaria la incorporación de las TICS en las aulas, también creo que no hay que olvidar que existen cosas que sólo se consiguen en una relación pedagógica. Hay herramientas, estrategias, vínculos, relaciones, que las pantallas no nos pueden brindar. Existe una magia en el vínculo docente – alumno que indudablemente ninguna computadora puede mostrar. Las nuevas tecnologías no deben reemplazar el papel del “mago”, sino que deben funcionar como metáfora de la galera, del conejo, de la varita, de las cajas y de las telas, que este personaje utiliza para cautivar la atención de su público.
Cada vez que se ingresa a un aula se
abre un nuevo desafío, un público nuevo, con intereses particulares y con diversos saberes que, de vez en cuando, harán que nuestros “trucos”,
nuestras estrategias e inclusive hasta nuestros conocimientos, parezcan
obsoletos. Pero es en ese momento en el que se pondrán en juego las capacidades
de este mago-docente, para generar nuevas ilusiones, nuevos interrogantes,
nuevas formas de interactuar y ver el mundo.
Tenemos letras, tenemos palabras para conquistar, tenemos historia, tenemos misterios sin resolver; tenemos cajas para las oraciones, tenemos sonidos que nos cuentan cuentos, tenemos música, tenemos colores para subrayar ideas trascendentales; tenemos argumentos, tenemos cosas para decir, tenemos hechos que contar, tenemos imaginación para volar y tele-transportarnos a otros universos, tenemos mucho por aprender, enseñar y reflexionar sobre nuestro lenguaje; tenemos adjetivos que nos invitan a sentir, tenemos verbos que nos invitan a hacer, tenemos muchos sustantivos, personajes y autores, por conocer, tenemos acentos y signos de exclamación para enfatizar y hacer escuchar nuestras ideologías, pero también signos de interrogación para nunca dejar de preguntarnos... En nuestra área tenemos siempre un as bajo la manga, tenemos a la Lengua y tenemos a la Literatura, ¿Qué más? Sólo tenemos que tener nuevos trucos e infinitas ganas para cautivar a nuestro público; y así transformar a nuestra asignatura en una lengua litermágica.
Tenemos letras, tenemos palabras para conquistar, tenemos historia, tenemos misterios sin resolver; tenemos cajas para las oraciones, tenemos sonidos que nos cuentan cuentos, tenemos música, tenemos colores para subrayar ideas trascendentales; tenemos argumentos, tenemos cosas para decir, tenemos hechos que contar, tenemos imaginación para volar y tele-transportarnos a otros universos, tenemos mucho por aprender, enseñar y reflexionar sobre nuestro lenguaje; tenemos adjetivos que nos invitan a sentir, tenemos verbos que nos invitan a hacer, tenemos muchos sustantivos, personajes y autores, por conocer, tenemos acentos y signos de exclamación para enfatizar y hacer escuchar nuestras ideologías, pero también signos de interrogación para nunca dejar de preguntarnos... En nuestra área tenemos siempre un as bajo la manga, tenemos a la Lengua y tenemos a la Literatura, ¿Qué más? Sólo tenemos que tener nuevos trucos e infinitas ganas para cautivar a nuestro público; y así transformar a nuestra asignatura en una lengua litermágica.

