viernes, 2 de junio de 2017

~La magia de enseñar y de aprender~


Desde pequeña, cada vez que asistía a un espectáculo circense, esperaba con ansias el momento de la magia, momento en el que la incertidumbre y la ilusión se apoderaban de mí. Los payasos nos robaban carcajadas, los animales eran usados para la sorpresa del público incrédulo, que no conocía todo lo que sucedía detrás de las bambalinas cuando los leones, perros o elefantes no hacían lo que el domador ordenaba; los bailarines, equilibristas, contorsionistas colmaban nuestros sentidos de estéticos y pensados movimientos; todo era hermoso, colorido y divertido. Pero el momento de la magia era único, llegaba entonces, un hombre vestido casi siempre de negro, excéntrico, silencioso y misterioso. Con sólo una varita y una galera, o en el mejor de los casos con algunos elementos más como cajas, jaulas y telas… Transformaba sorpresivamente nuestra forma de mirar, de repente comenzábamos a dudar de nuestros sentidos, poníamos a prueba nuestras capacidades de ver, escuchar y sentir. ¡MAGIA! Magia en el escenario, pero también dentro de cada uno de nosotros.

Hace ya algunos años que no asisto con frecuencia a espectáculos de este tipo, pero hace cuatro años atrás, elegí estudiar esta carrera, Profesorado de Lengua y Literatura, la cual se roza muy de cerca con la magia. En la enseñanza y en el aprendizaje siempre algo se transforma, algo cambia. El ingreso de nuevos conocimientos y el despertar de nuevos mundos, ponen en jaque nuestras capacidades. Sin duda, al aprender, muta nuestra forma de mirar, pensar y entender la realidad circundante.

Hoy en la era que habitamos, muchas cosas pueden ser vistas como un acto de ilusionismo, el Tercer Entorno, como lo nombra Echeverría Javier, nos introduce en un universo colmado de posibilidades. Las nuevas tecnologías, internet y los medios masivos de comunicación, han transformado el acceso a la información. Podemos vernos, escucharnos y leernos, estando a miles de kilómetros, un verdadero acto de magia ¿no? Estas nuevas posibilidades han transformado la vida de los niños, jóvenes y adultos. Por ende, también, han modificado la forma de pensar la enseñanza y el aprendizaje dentro la escuela. Es por ello necesario replantearnos en esta última etapa de la carrera, ¿cuál será nuestro rol como educadores del siglo XXI? Tarea difícil nos espera, cuando muchas veces parece que la tecnología pone en evidencia los trucos de magia que se emplean en el “ser docente”.

Todo está a un click, la figura del profesor como fuente de conocimiento, se ha desvanecido. Pero aunque estoy de acuerdo con que es necesaria la incorporación de las TICS en las aulas, también creo que no hay que olvidar que existen cosas que sólo se consiguen en una relación pedagógica. Hay herramientas, estrategias, vínculos, relaciones, que las pantallas no nos pueden brindar. Existe una magia en el vínculo docente – alumno que indudablemente ninguna computadora puede mostrar. Las nuevas tecnologías no deben reemplazar el papel del “mago”, sino que deben funcionar como metáfora de la galera, del conejo,  de la varita, de las cajas y de las telas, que este personaje utiliza para cautivar la atención de su público.


Cada vez que se ingresa a un aula se abre un nuevo desafío, un público nuevo, con intereses particulares y con diversos saberes que, de vez en cuando, harán que nuestros “trucos”, nuestras estrategias e inclusive hasta nuestros conocimientos, parezcan obsoletos. Pero es en ese momento en el que se pondrán en juego las capacidades de este mago-docente, para generar nuevas ilusiones, nuevos interrogantes, nuevas formas de interactuar y ver el mundo.

Tenemos letras, tenemos palabras para conquistar, tenemos historia, tenemos misterios sin resolver; tenemos cajas para las oraciones, tenemos sonidos que nos cuentan cuentos, tenemos música, tenemos colores para subrayar ideas trascendentales; tenemos argumentos, tenemos cosas para decir, tenemos hechos que contar, tenemos imaginación para volar y tele-transportarnos a otros universos, tenemos mucho por aprender, enseñar y reflexionar sobre nuestro lenguaje; tenemos adjetivos que nos invitan a sentir, tenemos verbos que nos invitan a hacer, tenemos muchos sustantivos, personajes y autores, por conocer, tenemos acentos y signos de exclamación para enfatizar y hacer escuchar nuestras ideologías, pero también signos de interrogación para nunca dejar de preguntarnos... En nuestra área tenemos siempre un as bajo la manga, tenemos a la Lengua y tenemos a la Literatura, ¿Qué más? Sólo tenemos que tener nuevos trucos e infinitas ganas para cautivar a nuestro público; y así transformar a nuestra asignatura en una
lengua litermágica.  

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2 comentarios:

  1. Acá va mi humilde comentario de tu hermoso blog. En un primer momento quiero decirte que me encanta, fascina la manera en que escribís, cómo transformas una simple escritura en algo literario que atrapa. Por esa razón me parece importante decir que al ser un texto tan bello creo que mis sugerencias de algún modo van en contra de lo literario, como lectora diría que nada le haría falta. Para poder realizar sugerencias tuve que leer miles de veces, repensarlo; algo muy pequeño se me ocurrió. Creo que teniendo en cuenta la consigna lo único que faltaría es ampliar aquellos conceptos teóricos que empleas de alguna forma en tu escrito; como el de tercer entorno, o el empleo de las TICS. Incluir por ejemplo el concepto de vínculo pedagógico (al que haces alusión), también se me ocurre pensar en la confianza pedagógica como algo que aporta y ayuda a formar un buen vínculo docente alumno, como así también en los procesos de enseñanza y aprendizaje. También se podría hacer hincapié en “el nuevo público” al que nombras, pensar en quienes son, por qué son nuevos, que tenemos que tener en cuenta. Y por último concuerdo totalmente con tu conclusión, tenemos tantas cosas para hacer, un millón de posibilidades de cambiar y embellecer todo lo que queramos enseñar y me parece importantísimo remarcarlo, tenerlo siempre presente y no darnos por vencida si algo no sale como esperamos.
    P/D: Soy tu fan n°1! Y me costó un montón escribirte esta simple sugerencia.

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  2. Me quede pensando que, recuperando la metáfora de la magia; la magia y el aprendizaje solo suceden, ocurren, si el otro, el espectador, el alumno creen en el mago/docente. Como dirá con Cornu solo ocurre si hay confianza. El mago no anda diciendo esto es magia, solo la muestra, la en-seña (Antelo), la señala con la mano exponiendo el resultado de los pases mágicos.
    Un alumno, un espectador puede decir, quiero creer, quiero aprender, quiero disfrutar de esto. Pero esa voluntad, que es necesaria no alcanza para que el aprendizaje o la fe en la magia ocurran.
    Todos sabemos que hay magos a los que no les creemos nada, que se le notan los trucos. La magia y el aprendizaje ocurren porque alguien cree, confía. El buen mago, como el buen docente, asombra, como vos planteas crea fascinación, alegría, entusiasmo… la pregunta que resuena es ¿pero… cómo hizo? El incrédulo busca explicaciones, mientras otros solo disfrutan. No todos responden de igual forma ante la presentación.
    Hay mucho para seguir pensando en relación a esta metáfora, en relación al rol del mago/docente como actor, que hace una puesta en escena, que teatraliza, que maneja lo impredecible. Pistas para que sigas pensando.
    Coincido con los aportes que brinda Karen, me parece muy acertado su comentario. Quizás seria para otra entrada que puedas pensar cómo te interpela más directamente como futura docente ese panorama que describís.

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